Ablandar mermelada dura

Puede haber muchos trucos para ablandar una mermelada; sin embargo, el mejor de los trucos está en hacer la preparación de este rico manjar de la forma correcta, en la que nada falte y nada sobre.

Dicho de otra manera: ‘Más vale prevenir que lamentar’. El proceso adecuado en la preparación de la mermelada debe dar un producto final de consistencia pastosa, con aspecto gelificado y de colores brillantes y llamativos.

Cuando no es posible alcanzar ese punto propio de una buena mermelada y nos resulta más dura de lo que esperábamos, no es el fin del mundo; esto tiene remedio. Debes saber que ablandar mermelada dura es un hecho posible.

¿Cómo ablandar mermelada dura?

Las recomendaciones para ablandar mermelada dura están por doquier. Estas son algunas que podrás poner en práctica si las cosas no te resultan bien al hacer la preparación de tu dulce:

a. Echar agua fría y llevar de nuevo al fuego:

  • Si ya has terminado la cocción y notas que tu mermelada ha quedado dura, ponle un poco de agua y llévala al fuego.
  • La revuelves bien, procurando hacer una mezcla homogénea con la mermelada y el agua que has añadido.
  • En tanto hierve, revuelve la mezcla con una cuchara de madera para evitar que se pegue.
  • Mantenla hirviendo hasta lograr el punto óptimo.

b. Añadiendo un poco de agua caliente: esta es otra forma usada para lograr ablandar mermelada dura; bastante sencilla, aunque el agua añadida puede restar sabor y color a nuestro dulce postre.

c. En aquellos casos en los que la mermelada ha resultado demasiado espesa, para ablandarla se le puede añadir unas cuantas gotas de jugo de limón y se procede a remover muy bien.

Mermelada: rica combinación de frutas, azúcar y pectina

En un principio el hombre optó por conservar las frutas combinándolas con miel y sometiéndolas a cocción. Una vez que hace su aparición el azúcar, la miel es reemplazada por esta y desde entonces es la que añade dulzor a la mermelada.

¿Qué es la mermelada sino una rica mezcla cocida en la que las frutas y el azúcar, en alianza con la pectina, se juntan para dar origen a una de las golosinas más consumidas en el mundo entero?

Pero cabe la expresión ‘Ciertas condiciones aplican’, en lo que concierne a sus componentes, si queremos una mermelada que sea la maravilla de los desayunos, la exquisitez de los antojos de media tarde o la delicia de los postres.

Es esencial el punto de madurez de la fruta

En cuanto a la fruta, hay quienes opinan que es la mejor forma de darles uso a aquellas que fueron rechazadas por todos y que nadie desea comer, dado que ha pasado tiempo desde su cosecha y han comenzado a ponerse feas.

La consigna inicial de ‘que nada falte, pero que tampoco nada sobre’, se puede aplicar a la madurez de la fruta. Esta no debe estar muy verde, pero tampoco puede estar demasiado madura.

Cuando la fruta está muy madura se caracteriza por contener una cantidad de pectina menor; como consecuencia, la mermelada resultante será poco espesa, lo que supone que se torna difícil de usar.

De igual manera, tampoco es recomendable utilizar frutas excesivamente dañadas; estas deben ser desechadas, puesto que pueden ocasionar que la mermelada se arruine durante el período de conservación.

Blanca, la mejor azúcar

En cuanto al azúcar, para evitar cambios de sabor o de color en la preparación, se recomienda usar del tipo blanca, considerando siempre que las medidas sean las adecuadas, porque:

  • El exceso de azúcar puede hacer que la mermelada cristalice.
  • Añadir muy poca hará que la fruta fermente.

¿Cuándo debo añadir pectina?

Hay ocasiones en las que no bastan frutas y azúcar para obtener una mermelada que pueda ser considerada una delicia. Dicho de otra manera: hay frutas que no reúnen todas las condiciones para hacerlas en mermelada.

Pero ello no quiere decir que no sirvan para hacer este rico manjar. Por ejemplo frutas como fresas, piña, pera, higos, cerezas y zarzamoras tienen un bajo contenido de pectina, por lo que es necesario añadirles algo de esta sustancia.

La pectina es una fibra que se halla presente en el hesperidio o piel de las frutas. La importancia de esta sustancia se manifiesta en la preparación de mermeladas casera, pues ayuda a espesarlas o gelificarlas.

El ácido contenido en el jugo de algunos cítricos permite activar la pectina presente en la cáscara de frutas que tienen niveles bajos de esta fibra; aunado a la pectina comercial, hace posible obtener mermeladas de primera calidad.  

Además de espesar la mermelada y de potenciar la elaboración de confituras con frutas carentes de ella, la pectina líquida o en polvo, añadida a la preparación de dulces da como obsequio el ahorro de frutas y de azúcar.

Otra ventaja de la pectina expendida en supermercados es que hace que se reduzcan los tiempos de cocción, con lo que se gana en la mayor preservación de cantidad de vitaminas y a mantener el sabor original de la fruta utilizada.

Toda mermelada tiene su punto ‘O’

Como es de suponer, la carencia o el exceso de cocción de las frutas afectan el producto final. El punto óptimo deviene del enlace del azúcar y la pectina en el momento cuando la temperatura alcanza los 105 grados Celsius.

Carecer de un termómetro de cocina se compensa con simples técnicas que nos permiten comprobar si la mermelada se ha cocido en el punto justo.

El punto óptimo de una mermelada se puede comprobar de maneras muy sencillas:

La primera consiste en poner sobre un trozo de papel de cocina una gota de la mermelada que estamos preparando. Si esta resbala libremente al colocar el papel en posición vertical, evidentemente le falta algo de cocción.

La segunda forma de verificar si nuestra mermelada está lista es haciendo lo siguiente:

  • Ponemos en un recipiente alto un poco de agua.
  • Vertimos en el agua una gota de mermelada recién sacada de la cocción.
  • Si la gota llega al fondo del recipiente sin romperse es porque la mermelada está en el punto óptimo.
  • Si la gota se desintegra, debemos cocer la mermelada un poco más.

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