CAFETERAS Y MUY ESCASOS SERES HUMANOS

Muy escasos seres humanos se resisten a un humeante café; considerado, en algún momento, la bebida de los dioses. No habita ni habitará persona en el mundo que se oponga a su indiscutible y divino aroma y a su no menos agradable sabor.

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Aquel café que en todo momento deseamos depende de variables como la cualidad de las semillas, la torrefacción, la molienda y, no podía ser de otra forma, del utensilio que le impone características definitivas a tan deliciosa bebida: la cafetera.

La historia de la cafetera se remonta a muchos siglos atrás, desde su primera presentación en las cocinas de nuestras viviendas.

El café y la cafetera

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Lógico es suponer que de no contar con el café, tampoco tendríamos en casa las cafeteras. Para nuestra dicha, tenemos los dos, influenciándose mutuamente durante la, hasta el presente, breve vida de estas últimas.
Mucho antes de la cafetera, el consumo del excitante café se ha hecho de numerosas maneras: desde mascar los frutos del cafeto con el objeto de lograr obtener fortaleza de estos, hasta machacar o pulverizar los granos tostados para la preparación de tan llamativa bebida.

Cuando ya los granos han sido torrefactados y pulverizados, el polvo que resulta de esta operación es mezclado con agua y expuesto a la llama del brasero en una olla, hasta alcanzar el hervor.

Este procedimiento, rutinario y algo primitivo, si se quiere, se mantiene en uso en una gran cantidad de países y lugares. La mezcla que se obtiene, una vez que ha terminado de hervir, se cuela con un filtro metálico, de tela o de papel.

Una costumbre bastante original fue la usada en tiempos remotos por los turcos para preparar esta inigualable infusión: dentro de un cazo echaban el café torrefactado y triturado, agregaban agua y lo dejaban a las llamas hasta que la mezcla alcanzaba el hervor.

Después de hervir el café, dejaban la mezcla en reposo para degustarla en el momento cuando los restos del aromático polvo se asentaban en la base del trasto empleado para la cocción; esto lo ejecutaban sin utilizar colador ni nada similar.

En cierta forma, la cafetera, ese artilugio de cocina del que disponemos para la preparación de tan reparadora poción, estableció una categórica conmoción en la manera de filtrar el más placentero café.

Antes de la cafetera: el colador o la manga.

La historia del cafeto y su fruto es suficientemente prolongada; no ocurre de la misma manera con la existencia de la cafetera. Antes de su invención, a diferencia de la práctica turca, el vivificante café era preparado haciendo hervir el agua.

Cuando el líquido había alcanzado el hervor, se añadía algo de polvo de la semilla del cafeto, torrefactada y molida; el brebaje obtenido era pasado por un colador o manga, generalmente confeccionado en tela o tejido similar.

Otra forma de hacer, distinta a la técnica descrita en el párrafo anterior, consistía en echar el polvo de café dentro de un saco de tela; este era metido en el agua una vez que el líquido llegaba al punto de ebullición; de esta manera se lograba la bebida, una tarea similar a la preparación de la infusión de té.

Nuestra consentida cafetera, como la conocemos hoy, no empieza a tomar forma como tal sino hasta muy poco tiempo atrás; aunque ya para el siglo XVIII se habían dado los primeros pasos hacia su invención.

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La cafetera durante el siglo XIX

El pasado siglo se estima como una centuria de un cuantioso progreso para nuestra cafetera. En diversas partes del mundo empiezan a surgir ideas que van dando forma a este ingenioso dispositivo.

Cada uno de los tipos de cafetera fabricado a lo largo del siglo XIX concede optimar la calidad del café colado, imprimiendo lustre y empuje a este alucinante cocimiento; complaciendo con ello los más exigentes gustos y paladares; elevando esta bebida a la cúspide, anteponiéndolo a otras infusiones de más arraigo y tradición.

Los criterios son múltiples en cuanto a cuál fue la primera de estas herramientas hechas para extraer tan inigualable brebaje de las semillas tostadas y trituradas del cafeto.

Algunos mencionan al nacido en Norteamérica, Benjamin Thompson, también llamado el Conde Rumford, otorgándole ser el hacedor de la primera de las cafeteras de goteo de filtro.

La cafetera del conde de Rumford, insigne inventor británico, exhibe además una conveniente camisa de agua caliente que, sin hacer contacto directo con el café y sin estropearlo, mantiene su calor.

Evolución de la cafetera doméstica

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No es dilucidar quién fue la primera persona en concebir la cafetera al estilo de nuestros tiempos lo que nos motiva.

Ubiquémonos en los finales del medioevo. Admitamos como una verdad incontrovertible que el recipiente llamado cezve, utilizado por los turcos en la preparación del café, obra en la cual no se usa colador o manga, fue la primera cafetera de la que tenemos conocimiento; primitiva y por demás elemental.

En 1802, un boticario de nombre Francois Antoine Descroisilles inventó una cafetera que se fundamentaba en la unión de dos recipientes, entre los que se intercalaba una lámina metálica porosa, a modo de coladero.

Luego, en 1819 nos topamos con la cafetera napolitana, llamada con la denominación de cucumela. A pesar de su designación, la realidad es que este grandioso artilugio lo inventó un parisino cuyo nombre era Morize y que la historia de esta cafetera en particular comienza en Francia.

1830 es el año de la aparición de un innovador aparato al cual se le da la denominación de sifón cafetero o cafetera de vacío. Este artefacto surge del ingenio de Loeff de Berlín.

Hay oportunidades cuando la historia se empeña en pasar factura a ciertos acontecimientos. De esta manera una invención italiana va a recibir una denominación que la identifica con la nación aledaña. Durante todo el siglo XIX continúa la evolución de esta máquina, haciendo su aparición en el año 1850 la prensa francesa, cafetera de émbolo o de pistón.

El año 1865 es el de la popularización de las cafeteras percoladoras; estas surgieron en Europa y América, contando con el trabajo precursor del pionero James Mason, el primero en presentar una cafetera en los Estados Unidos; la cual basaba su tarea en el sistema de flujo descendente.
Años más tarde, específicamente en en 1873, surge la patente de otra cafetera norteamericana: esta era un cilindro que tenía un filtro en su interior; el filtro descendía haciendo presión a los posos del café.

El siglo XX abre con la primera de las cafeteras eléctricas, de tipo expreso industrial, la cual fue reconocida también como esspreso y exprés. Es en Italia, durante el año 1902, cuando nace la que da entrada a una nueva masificación de los artefactos para elaborar café. El autor de esta invención fue Luigi Bezzera; no alcanzó a figurarse este industrioso ingeniero el torrente de ideas e innovaciones a las que daría pie su invalorable iniciativa, aun cuando no fue él el encargado de popularizar su producto.

En el año 1908 los coladores de las cafeteras en uso tenían la particularidad de dejar pasar una gran cantidad del poso de café, con lo que quedaba demasiado de estos sedimentos en el fondo de la taza. El ingenio y la creatividad de un ama de casa permitieron resolver esta situación usando variedad de papel secante resistente.

Fue la señora Melitta Benz, luego de realizar muchas pruebas, la creadora de un colador de papel, en extremo confiable, que no permitía pasar residuos molestos. En su honor se crea la cafetera Melitta.

La greca, cafetera italiana por excelencia, surge en 1933. Se trataba de un dispositivo sencillo, formado por dos depósitos acoplados y enroscados en el centro; además, un embudo-colador, que se embute en la parte de abajo, y una rejilla perforada adosada al segmento superior.

Ya iniciándose el siglo XX, en 1902, un italiano, Luigi Bezzera, había presentado la patente para un modelo de cafetera que funcionaba con electricidad, este tipo de artefacto eléctrico, en su versión doméstica, cobra verdadero auge en la década de los 60’s.

1961 es el año cuando la cafetera eléctrica de filtro, que funciona por percolación o goteo invade masivamente las cocinas, para erigirse en un indispensable utensilio todos en los hogares.

La forma y funcionamiento de este tipo de cafetera están basados en un vaso que al calentarse hace que hierva el agua, la que pasa empapando el polvo de café situado sobre una malla de acero o aluminio o un filtro de papel, para luego depositarse en una taza, generalmente hecha de cristal.
El avance posterior de las cafeteras ha sido sencillamente sorprendente; algo con lo que nuestros antepasados ni siquiera pudieron soñar.

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